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Rom 12:2 Y no os conforméis á este siglo; mas reformaos por la renovación de vuestro entendimiento, para que experimentéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. ***
Hay muchas cosas en la Palabra q de tanta importancia q tienen se nos pasan inadvertidas. Cierto es q nosotros los creyentes en nada somos mejores q los demás, y aunque a muchos creyentes esto les escuece es algo q hay q tener en cuenta.
Hay psicólogos muy inteligentes y llenos de sabiduría q profundizan a niveles verdaderamente admirables, nos advierten de los peligros de palabras "sucias" q envenenan nuestro discurso, y en este sentido se igualan a las enseñanzas que muchos hemos recibidos en el nuevo nacimiento en el espíritu. Pero escuchándolos hay cierto tufillo de mero "ejercicio" consciente para lavar y limpiar impurezas q hasta cierto punto pueden ser coherentes.
Y es aquí donde radica la diferencia entre un verdadero creyente del q no lo es. Es aquí la línea divisoria que no se ve. Aquella línea en que el creyente, en su oración personal donde se debaten las luchas interiores entre el pecado y el temor de Dios donde se produce el milagro. El milagro de la cruz, que no es otra cosa de hacer morir con lágrimas de arrepentimiento tales transgresiones para después renacer con un nuevo entendimiento, una nueva luz q emana incluso de nuestros cuerpos físicos, con nueva luz en nuestros ojos, con nuevo trato a los demás, y recibimos sonrisas por nuestro alrededor.
Y es aquí donde nos regocijamos y damos gracias a Cristo y al Padre por estar vivos, se trata de la verdad eterna q nos hace sentirnos partícipes, de que somos hechura suya y teniendo plena conciencia de a quien pertenecemos y cual es nuestro cometido en la Tierra.
Mas no somos mejores q los demás, pues nuestra naturaleza no es la de ser mejores, sino de ser siervos y poner a los demás por encima de nosotros. Y si somos capaces de hacer relucir en los demás lo mejor de ellos mismos, sería la felicidad completa e infinita, pero como esto es humanamente imposible, pues tan solo hay uno que hace eso (Cristo), pero de vez en cuando, Dios nos concede vivir por momentos ese privilegio, sabiendo q no somos nosotros, sino Cristo.
Para q nadie se gloríe.
Bendiciones.