Re: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre"
“No me toques, porque aún no he subido a mi Padre"
Evangelio según San Juan 20,10-18:
«Y se volvieron otra vez los discípulos a su casa. Pero María estaba fuera, llorando junto al sepulcro. Y estando así llorando, se abajó, y miró hacia el sepulcro: y vio dos Ángeles vestidos de blanco, sentados; el uno a la cabecera y el otro a los pies, en donde había sido puesto el cuerpo de Jesús. Y le dijeron: “¿Mujer, por qué lloras?” Díceles: “Porque se han llevado de aquí a mi Señor, y no sé dónde le han puesto”. Y cuando esto hubo dicho, se volvió a mirar atrás, y vio a Jesús que estaba en pie: mas no sabía que era Jesús. Jesús le dice: “¿Mujer, por qué lloras? ¿a quién buscas?” Ella, creyendo que era el hortelano, le dijo: “Señor, si tú le has llevado de aquí, dime en dónde lo has puesto, y yo le llevaré”. Jesús le dice: “María”. Vuelta ella, le dice: “Rabbuní” (que quiere decir Maestro).
Jesús le dice: “No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos y diles: Subo a mi Padre y vuestro Padre, a mi Dios y vuestro Dios”. Vino María Magdalena dando las nuevas a los discípulos: “Que he visto al Señor, y esto me ha dicho”». (Jn 20,10-18)
«No dice el Evangelista lo que hizo la mujer; pero se infiere de lo que se le dijo. Sigue, pues: “Dícele el Señor: No me toques”. Estas palabras demuestran que María quiso abrazar los pies del que había reconocido. Pero por qué no deba tocarle, da la razón cuando añade: “Pues aún no he subido a mi Padre”».
«Si estando en tierra no se deja tocar, sentado en el cielo, ¿cómo le tocará el hombre? Ciertamente que, antes de su ascensión, se ofreció a sus discípulos para que le tocasen, diciendo: “Palpad, y ved que el espíritu no tiene carne y hueso” (Lc 24,39); como dice San Lucas.
Sería absurdo suponer que quiso ser tocado por sus discípulos antes de subir al Padre y no lo consintió a las mujeres sino después de haber ascendido al Padre. Pero se lee que también las mujeres, entre las que se encontraba la misma María Magdalena, tocaron a Jesús después de su resurrección y antes de que subiera al cielo. Cuenta San Mateo que Jesús les salió al encuentro, diciendo: “Os saludo”, y ellas, entonces, acercándose, abrazaron sus pies.
«El tacto es la última prueba del conocimiento, y por eso no quiso el Señor que ella quedara solamente en la creencia de lo que pensaba y veía».
Agustín, De Trin. 1, 9.
«Esta mujer quería tratar todavía al Señor como antes de su pasión, y preocupada con el gozo no comprendía el admirable cambio operado en la humanidad de Jesús resucitado.
Para apartarla de este error, el Señor le dijo: “No intentes tocarme”, a fin de que le trate con la debida reverencia. Por esto no se aparece a los discípulos ni habla con ellos, para que le atiendan con más respeto. Diciendo, pues, “todavía no he subido al Padre”, manifiesta que a esto va.