Re: Teólogo católico condenado por hereje
Cita teológica
Fuente: Joseph Ratzinger, Introducción al cristianismo, Barcelona, Planeta DeAgostini, 1995, págs. 307 ss.
«El artículo de la resurrección de la carne supone para nosotros un auténtico dilema. Hemos redescubierto la indivisibilidad del hombre; con nueva intensidad vivimos nuestra corporeidad y la experimentamos como camino imprescindible para realizar el único ser del hombre. Por eso podemos comprender muy bien el mensaje bíblico que no promete la inmortalidad al alma separada del cuerpo, sino a todo el hombre. A raíz de tales observaciones, la teología evangélica se ha levantado en nuestros días en contra de la doctrina griega de la inmortalidad del alma que sin razón se consideraba como idea cristiana. Ahí se nos presenta en verdad un doble dualismo no cristiano: la fe cristiana no hablaría sino de la resurrección de los muertos por el poder de Dios. Pero en seguida nos preguntamos: ¿si la doctrina griega de la inmortalidad es problemática, o sería mucho más irrealizable la bíblica? Es muy bonito eso de la unidad del hombre, pero ¿quién puede imaginarse la resurrección del cuerpo según la idea moderna del hombre? La resurrección incluiría, al menos así lo parece, un cielo nuevo y una tierra nueva, unos cuerpos inmortales que no tienen que alimentarse, es decir, un distinto estado de la materia. ¿Pero no es esto totalmente absurdo?, ¿no contradice plenamente nuestra idea de la materia y su modo de comportarse?, ¿no es, por tanto, una desesperación mitológica? [...] Según la concepción griega, el hombre consta de dos sustancias diversas; una de ellas, el cuerpo, se descompone, pero la otra, el alma, es por sí misma imperecedera y, en consecuencia, puede subsistir en sí misma independientemente de la otra. Es más, sólo cuando el alma se separa del cuerpo, esencia extraña a ella, se realiza el alma en todo lo que es. Por el contrario, el pensamiento bíblico presupone la unidad indivisible del hombre; la Escritura no conoce, por ejemplo, palabra alguna para designar el cuerpo separado y distinto del alma; la palabra ’alma’ significa en la mayoría de los casos todo el hombre existente, viviente; los textos restantes que nos ofrecen una concepción diversa, fluctúan en cierto modo entre la concepción griega y la bíblica; pero no excluyen esta última.
»La resurrección de los muertos, no de los cuerpos, de la que habla la Escritura, se refiere según eso a la salvación del hombre íntegro, no al destino de una parte del hombre, si cabe, secundaria. [...]»